¡Viva el Espíritu santo! Carta de nuestro Director Espiritual desde Roma

Mis queridos amigos, os escribo desde la lejanía muy cercana, estos días, de la ciudad de Roma. Anoche pude estar en la plaza de San Pedro para recibir al nuevo Papa y la alegría que allí compartimos fue indescriptible ¡Divina! Os podría contar muchísimas cosas que se me grabaron en el corazón. La mayoría las sabéis porque me figuro que seguisteis el momento por los medios de comunicación, así que prefiero haceros presente algunas voces anónimas de esa gran polifonía humana que fue ayer la Plaza de San Pedro.

  • La voz de las misioneras de la Caridad: “Sed santos”. Tuve la oportunidad de compartir el momento con un buen grupo de novicias de la Madre Teresa de Calcuta. La mayoría eran españoles (me sorprendí, debo decirlo, de que fueran tantos. Por cierto, si alguna joven que me lee quiere hacer una experiencia con ellas, ¡tengo su número!). Vi en ellas ayer más alegría y contento que en muchos jóvenes tras las fiestas de nuestras discotecas sevillanas. Estuve hablando con una y me dijo que este nuevo momento de laIglesia debía impulsarnos a todos a la santidad. Pues eso, ¡a ser santos! No nos preguntemos qué va a cambiar este Papa en la Iglesia, preguntémonos más bien en qué vamos a cambiar nosotros para ser dóciles al Espíritu Santo.Dios nos necesita, ¡y el Papa también!
  • La voz de Michael: “necesitamos la esperanza“. Michael es un sacerdote del Camerún. Un hombre bueno y sencillo. Está haciendo el doctorado en el Instituto Bíblico. Y su comentario sobre el nuevo Papa me parece precioso: “La Iglesia necesitaba Esperanza y hoy la ha recibido”. Este nuevo Papa, tras las huellas de Francisco, el santo de la belleza, la pobreza y la alegría, trae esperanza a un mundo lacerado y roto por tantos problemas y conflictos. ¡Dejémonos llevar por esta gracia esperanzada y, como él nos dijo anoche, “evangelicemos“!
  • La voz de Emilia: “Yo creo en Dios“. Emilia es una “barbone”, es decir, una mujer que vive y duerme en la calle. Anoche, cuando volvía a casa, con una sonrisa de oreja a oreja, estuve un rato con ella en su improvisado dormitorio de la puerta del Colegio Romano. Le pregunté por el nuevo Papa y ella me dijo que le gustaba porque traía alegría y serenidad. Además me hizo una preciosa confesión de fe. Me dijo que ella creía en Dios y se confesaba frecuentemente. Cuántas lecciones nos da Dios cada día. Esta mujer que por no tener, no tiene ni un techo donde dormir, me enseñó ayer que el único tesoro que merece la pena ser guardado es el de la conciencia y el corazón. También yo, me confesé, para estar en comunión con ella, con la Iglesia y con Dios. Termina la Cuaresma, que nadie se olvide.
  • La voz de Wilma: “‘¡Un Papa macanudo!”. Wilma Mancuello es una mujer pequeñita, que viene del Paraguay. Es claretiana y está estudiando en el Bíblico. Ha llegado esta mañana a la biblioteca, desde donde os escribo, gritando en voz bajita “¡un Papa Macanudo!”. Dice que ella lo conoce y que es una persona pobre y muy austera. Todos deberemos esposar esta corriente de sencillez que se abre paso ahora en nuestra Iglesia con el Papa Francisco.
  • Y mi pequeña gran voz: “¡Viva el Espíritu Santo!”. Ayer grite mucho, lo confieso, por eso fue grande mi voz, aunque yo sea poca cosa. Todos gritaban viva el Papa, pero desde mi interior surgió más bien un vozarrón que clamó: “¡Viva el Espíritu Santo!”. Ciertamente el Espíritu Santo fue el gran protagonista de ayer. Los periodistas, los vaticanistas, los entendidos, todos esperaban otro Papa. Pero el Señor, que revela sus misterios a la gente sencilla, nos tenía preparado una sorpresa. ¿Alguien duda que Él actuó? Pues démosle gracias por este regalo y pidamos por el Papa, único compromiso que Su Santidad, el Papa Francisco, nos rogó ayer. Muchas dosis de Espíritu Santo necesitará en esta nueva circunstancia de su vida para olvidarse totalmente de sí y comenzar, ya anciano como Abrahán, esta nueva misión que Dios le ha encargado.

¡Un saludo a todos!

Álvaro Pereira Delgado