Mensaje de Monseñor Chica Arellano en la Homilía de la Misa Solemne en honor a María Santísima de la Angustia

Monseñor D. Fernando Chica Arellano, observador permanente de la Santa Sede ante la FAO (Food and Agriculture Organization, por sus siglas en inglés, Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) ha presidido la Misa Solemne con la que ha culminado el Triduo en honor de nuestra Titular, María Santísima de la Angustia.

En la Homilía ha desgranado pormenorizadamente la palabra de Dios contenida en el Evangelio de S. Mateo (Mt 5: 13-16) donde Jesús dice a sus discípulos, y por tanto a todos nosotros, que tienen que ser la sal de la tierra y la luz del mundo. Monseñor Chica Arellano, que ha jurado las Reglas y por tanto ya es hermano de nuestra Corporación, ha trazado un proyecto de vida para todos nosotros cuando, con su palabra decidida y animosa, no ha exhortado a que hagamos día a día presente en nuestras vidas el lema del escudo de nuestra Hermandad: “Perfundet Omnia Luce”.

Monseñor Chica nos pide que seamos la sal que da sabor a la vida de todos aquellos que nos rodean en los diferentes ámbitos de nuestra vida: en la familia, en el trabajo, en la sociedad en general y en la Hermandad en particular. Y también nos pide que seamos la luz que ilumina el camino que recorremos junto a nuestros hermanos, ya que el camino, a veces fácil, y muchas veces duro, no lo recorremos solos, sino en compañía de aquellos que se hacen presente en nuestra existencia. Y sobre todo nos ha recordado, que la Sal y la Luz no lo seremos por nosotros mismos, por nuestros valores o nuestros méritos, sino por ser reflejos del valor y del mérito de Cristo, ya que, sin Él, nada somos. Nos ha explicado que la Sal, por lo insignificante que puede parecer, no es nada por sí misma, sino que tiene su relevancia cuando cumple su función en los alimentos a los que adereza; y la Luz, no la vemos por sí misma, sino que la percibimos cuando esa Luz ilumina a todo lo que nos rodea. Es decir, la Sal y la Luz lo son todo cuando se dan para los demás y no para sí mismas. Nos ha recordado que en la medida que seamos capaces de cumplir los mandatos de Cristo, desde la humildad y lejos de la búsqueda de la apariencia social, seremos capaces de vencer el mal que nos arrastra a lo mundano, y por tanto, seremos capaces de hacer realmente lo que hacemos a la mayor Gloria de Cristo. Por sus méritos, y no por los nuestros.

Para terminar, Monseñor Chica Arellano ha utilizado el nombre de nuestra Titular, ANGUSTIA, para realizar un acróstico, en el que diseña, de forma perfectamente clara, las características que debe tener para nosotros la misión encomendada como cristianos y cofrades:

Amor a Dios y al prójimo, que presida siempre nuestra vida y que sea la razón de ser de nuestra existencia;

Novedad, ya que se trata de hacer nuevo todo lo antiguo, para no caer en la desazón de repetir siempre lo mismo;

Gratuidad, ya que se trata de hacer todo sin esperar nada a cambio, en ayuda y auxilio de todos sin querer recibir recompensa alguna, de dar gratis, lo que gratis hemos recibido;

Universalidad, puesto que debemos expandir lo que de Cristo hemos recibido propagando su forma de vida y su razón de ser, a todo nuestro alrededor.

Solicitud. Debemos ser solícitos en todo aquello que nos ocupe, rápidos en ayudar, resueltos en auxiliar, apresurados en socorrer, al igual que María corrió a casa de su prima Isabel cuando supo que esperaba un hijo.

Tenacidad para hacer en todo momento lo que Cristo nos pide que hagamos en favor de los más pobres y necesitados, de todos nuestros hermanos, y no caer en el desánimo del mundo actual que nos rodea.

Intrepidez, puesto que es de intrépidos cumplir con decisión el mandato de Jesús de “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”, y

Alegría, ya que es un signo fundamental de los cristianos el estar alegres, porque sabemos que Cristo nos ha salvado y ha resucitado para vencer al pecado y, por tanto, no tenemos por qué estar tristes, sino alegres en la proclamación del mensaje de Dios.

Monseñor D. Fernando Chica Arellano, hermano de la Hermandad de Los Estudiantes, ha presidido el Triduo y la Función Solemne en honor de María Santísima de la Angustia haciendo uso de la palabra para dejar, ya para siempre en nuestros corazones, su mensaje claro, didáctico, animoso y valiente, y que podemos resumir en que imitemos a María, que fue la que mejor entendió e imitó a Nuestro Señor Jesucristo.

Sevilla, a 5 días del mes de febrero del año de gracia de 2017.